Del 21 al 27 de agosto de 2026, la Real Parroquia de Señora Santa Ana realizó una peregrinación a Grecia siguiendo las huellas de San Pablo por distintos lugares de Grecia continental y de la región de Macedonia. Cuarenta peregrinos, acompañados por el párroco y el vicario parroquial, participaron en esta peregrinación organizada por la …
Del 21 al 27 de agosto de 2026, la Real Parroquia de Señora Santa Ana realizó una peregrinación a Grecia siguiendo las huellas de San Pablo por distintos lugares de Grecia continental y de la región de Macedonia.
Cuarenta peregrinos, acompañados por el párroco y el vicario parroquial, participaron en esta peregrinación organizada por la propia Parroquia, con el deseo de acercarse a algunos de los lugares vinculados a los viajes misioneros del Apóstol de las Gentes y vivir, a través de ellos, una experiencia de fe, oración y comunión.
Tras la salida de Sevilla y el posterior desplazamiento al aeropuerto de Málaga el 20 de agosto, el grupo llegó a Atenas, donde comenzó propiamente el recorrido al día siguiente.
Atenas: tras las huellas del Apóstol
El 21 de agosto comenzamos nuestro itinerario en Atenas, siguiendo parte del recorrido de San Pablo durante su Segundo y Tercer Viaje Misionero. Entre las visitas más destacadas se encontró la Acrópolis, con el imponente Partenón, y especialmente el Areópago, lugar donde el Apóstol pronunció su célebre discurso invitando a los atenienses a conocer y seguir al Dios verdadero, al que ellos veneraban sin conocer. Celebramos la Eucaristía en la Catedral Católica de San Dionisio Areopagita. La jornada permitió contemplar cómo, siglos después, el anuncio de San Pablo continúa resonando en una ciudad que fue uno de los grandes centros culturales y filosóficos de la Antigüedad.
Durante el día siguiente visitamos las islas de Hidra, Poros y Aegina, y continuamos conociendo la capital griega, poniendo nuestro camino bajo la protección de Dios y renovando el sentido espiritual de nuestra peregrinación.
De Atenas a Meteora, pasando por Delfos
El 23 de agosto dejamos Atenas para dirigirnos hacia los impresionantes monasterios ortodoxos de Meteora, realizando previamente una parada en Delfos, uno de los lugares más significativos de la antigua Grecia.
El paisaje y el patrimonio religioso de Meteora ofrecieron a los peregrinos un momento especialmente intenso de contemplación, ante la belleza de los monasterios levantados sobre las espectaculares formaciones rocosas. Visitamos el Monasterio ortodoxo de la Transfiguración, donde tuvimos la oportunidad de rezar ante el devoto icono de la Flor Inmarcesible de la Madre de Dios.
Veria y la Tribuna de San Pablo
Posteriormente, el 24 de agosto, continuamos nuestro camino hasta Veria, la antigua Berea mencionada en los Hechos de los Apóstoles. Allí celebramos la Eucaristía en el lugar conocido como la Tribuna de San Pablo, recordando la predicación del Apóstol en esta ciudad.
Desde Veria continuamos nuestro viaje hasta Tesalónica, donde permaneceríamos para continuar al día siguiente nuestro recorrido por las tierras de Macedonia.
Filipo y Santa Lidia
El 25 de agosto visitamos las ruinas de la antigua ciudad de Filipo, lugar estrechamente vinculado a la predicación de San Pablo y a los primeros pasos del cristianismo en Europa.
En este lugar celebramos la Eucaristía junto al río donde, según la tradición, fue bautizada Santa Lidia, primera mujer europea convertida al cristianismo y considerada tradicionalmente como la primera persona bautizada por San Pablo en Europa.
Fue una jornada especialmente significativa, al encontrarnos en uno de los lugares donde la semilla del Evangelio comenzó a dar fruto en el continente europeo.
De Tesalónica a Corinto
El 26 de agosto celebramos la Eucaristía en la Catedral Católica de Tesalónica y, posteriormente, emprendimos el camino hacia Corinto, continuando así nuestro recorrido por algunos de los lugares fundamentales de la misión evangelizadora de San Pablo.
Corinto: final de nuestra peregrinación
El 27 de agosto llegamos a las ruinas de la antigua ciudad de Corinto, donde celebramos la Eucaristía y dimos gracias a Dios por todos los frutos espirituales recibidos a lo largo de estos días.
En Corinto, ciudad en la que San Pablo desarrolló una importante labor evangelizadora y a cuya comunidad cristiana dirigió sus conocidas cartas, concluimos nuestro recorrido por las huellas del Apóstol.
Con el corazón agradecido por todo lo vivido, emprendimos el regreso a Sevilla, poniendo en manos del Señor los frutos de esta peregrinación y pidiendo que la experiencia compartida, la oración y el encuentro con los lugares de los primeros cristianos nos ayuden a vivir con mayor profundidad nuestra fe y nuestro compromiso evangelizador.
Concluía así una peregrinación en la que cuarenta peregrinos, junto al párroco y al vicario parroquial, pudieron recorrer algunos de los caminos por los que San Pablo anunció el Evangelio, celebrando juntos la Eucaristía y dando gracias a Dios por la fe recibida y por la comunión vivida durante estos días.

































































